THE WHISTLEBLOWER | KATHRYN BOLKOVAC, LA EX POLICÍA ESTADOUNIDENSE QUE DENUNCIÓ TRÁFICO SEXUAL EN LA ONU, OTAN Y DIPLOMÁTICOS EN BOSNIA
Por Andrea González-Villablanca
Agradecimientos a: Kathryn Bolkovac
2016 | Publicaciones DIVA Periodistas®
TO: Jefe del Estado Mayor de la ONU. Altos Mandos Comisionados - Bosnia
SUBJECT: No leas esto si no tienes estómago o una consciencia culpable.
Soy una oficial de la policía y tengo la obligación de denunciar los crímenes. Tomé las declaraciones de mujeres describiendo la tortura física, psicológica y emocional. A su llegada a Bosnia, estas mujeres se venden y son forzadas a prestar servicios sexuales. Su clientela se compone por Fuerza Internacional de Policía, la Policía local y empleados internacionales. Lo peor, es que ellos están involucrados en el comercio. Es hora de que cada uno de ustedes se dé cuenta de que esto es un grave delito del crimen organizado, con enormes ganancias. Son soldados de paz que vienen a proteger a inocentes, pero ahora se aprovechan de ellas de las peores formas posibles. Nos pueden acusar de que pensamos con el corazón y no con la cabeza, pero aún somos humanos.— KATHRYN BOLKOVAC
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Cierro Netflix y en voz alta lo describo como obsceno, violento, anormal y de una suciedad mental descarnada. Se trata de otra de las violaciones a los derechos humanos, una consecuencia de la demanda de servicios sexuales y de los ingresos que genera.
Inmediatamente, mis pensamientos viajan a una congelada tarde de agosto y a esa frase que aún desnivela mis latidos: “Tienen inmunidad general y se benefician de ella”.
Encendí mi computadora y en mi libreta de apuntes decía: “Hizo una revelación protegida y en consecuencia fue despedida injustamente”.
Me propuse buscarla. Le escribí y mientras esperaba su respuesta me dediqué a analizar qué tanto ha avanzado el tema en los últimos años.
Recuerdo esa tarde, por una sobredosis de té verde con jazmín, luego de confirmar que es una de las actividades criminales con más crecimiento y que las estadísticas siguen siendo confusas. Pienso una, quizás mil veces y acepto que no sé cuánto tiempo demorará su respuesta.
Lo admito, es un asunto que atrapa. No involucrarse es absurdo y buscar respuesta en el heroísmo que posee la mínima cantidad de mujeres que lo arriesgan todo para destapar verdades, es mi única salida.
Mi mente viajó a 1999, año en que vivía en Estados Unidos. Como era muy niña, pero con curiosidades periodísticas innatas miraba noticias que las televisoras de aquella época me contaban. En aquel tiempo, nunca pensé que en el futuro me interesaría entrevistar a una agente de la policía de Nebraska, que tras la Guerra de los Balcanes fue originalmente contratada por la filial británica de DynCorp con sede en Estados Unidos y en el marco de un contrato relacionado con la ONU, viajó a Bosnia como observadora de las Naciones Unidas para supervisar el proceso de reconstrucción. Lo que era una misión de paz, se convirtió en una pesadilla que debió investigar y posteriormente denunciar.
Fue ella, quien destapó un negocio de esclavitud sexual inhumana. La mayoría, procedentes de Europa del Este, insertadas ilegalmente en el país y obligadas a ejercer la prostitución bajo amenaza de muerte.
Mujeres y niñas eran vendidas, compradas, recluidas en condiciones miserables, encadenadas, golpeadas, torturadas y frecuentemente violadas.
Su nombre es Kathryn Bolkovac y saltó a la prensa a principios de la década del 2000, cuando denunció el histórico caso. Su contrato fue rescindido tras hacer pública la investigación que acusaba a un amplio sector de la ONU, culpable de encubrir y promover el delito que involucraba violaciones en masa protagonizadas por quienes se protegían, como parte de su idiosincrasia.
Después de su despido, varios soldados de la paz, incluyendo contratistas privados, fueron enviados a su casa. Muchos de estos oficiales se vieron obligados a renunciar bajo sospecha de actividad ilegal, pero ninguno fue procesado, pues gozaban de inmunidad judicial en Bosnia. El contratista que despidió a Kathryn, sigue haciendo negocios con el gobierno de Estados Unidos, incluyendo contratos millonarios con Irak y Afganistán.
Es imposible no sentir angustia ante la situación, pero pienso en su valentía para buscar hacer justicia y cómo fue posible que cuando denunció en la BBC, fuera acusada de imprudente por tomar archivos pertenecientes a la ONU para destapar este delito macabro.
Tomar conciencia frente a crímenes que hasta la fecha se siguen cometiendo, invita a reflexionar qué tan valoradas son las mujeres que arriesgan sus propias vidas intentando salvar a las víctimas. Lo inconcebible es que una organización, como la ONU, tenga un historial colmado de violaciones a los derechos humanos y cada día se confirma que, en cualquier lugar del mundo, donde hay soldados de la mayor organización internacional existente, hay casos de tráfico y explotación sexual de mujeres; por ejemplo, en países, como Haití, Afganistán, Libia, Bahréin, República del Congo, Pakistán, entre otros.
UN AÑO DESPUÉS
Es una mañana especial. Mi desayuno se embellece con la nobleza de las flores y los tímidos rayos de sol, anuncian noticias.
Enciendo mi computadora y leo que el Estado Islámico vende a menores como esclavas sexuales, mientras que activistas tratan de rescatar a unas 3.000 mujeres y niñas, siendo retenidas por extremistas de ISIS. Lo más grave es que ni el gobierno iraquí, ni las organizaciones caritativas internacionales, ni ningún otro país están ayudando a salvar a las niñas que son vendidas a través de WhatsApp y Facebook. Una práctica preocupante ya que se asegura que los proxenetas usan redes sociales, como las ya mencionadas, así como twitter, Instagram o Tagged para reclutar a sus víctimas y clientes de la prostitución, mediante conversaciones y llamadas encriptadas.
Pensando en la maldad humana planteo el tema, como parte de una conversación interesante para un almuerzo agendado hace un buen tiempo atrás.
Son las 1:00 am, del mismo día. El clima ha variado y me siento algo inquieta. La noche no se reconcilia con mi sueño. Tomo una taza de té con leche y canela y decido abrir una vez más mi computadora. Para mi sorpresa un correo de Kathryn Bolkovac pidiéndome disculpas por la tardanza en responder. Mi memoria trabaja y recuerdo su historia. Inmediatamente, le escribo para coordinar nuestros tiempos.
A la mañana siguiente y mientras cambio el agua de las flores, una notificación en mi teléfono me anuncia su respuesta.
NUESTRA CONVERSACIÓN
Me saluda de forma muy cordial y agradece mi interés en su trabajo. Nuevamente se disculpa por los meses que tardó en responder mi solicitud, pero la percibo muy dispuesta y entusiasmada en hablar conmigo.
Comienza mencionando que “Conocía el problema de la prostitución, pero nunca imaginé lo que ocurría y hasta qué punto había penetrado en las misiones internacionales”. Le cuento que había leído que los altos cargos sabían de esas prácticas porque ella envió sus informes muy bien documentados. Me escucha atentamente y agrega “incluido Jacques Klein, director de la misión de paz en Bosnia”
Mi primera impresión, fue tratar de entender, qué concepto del sexo tienen estos criminales entendiendo que los genes modulan nuestro comportamiento dañino en un 70% y que, en consecuencia, el 30% restante se refiere al grado de libertad que tenemos a la hora de tomar decisiones. Kathryn, me dice que no tiene respuesta a mi interrogante pero que “podría aclararse esa mentalidad que prevalecía en ese momento con la existencia de 900 burdeles en Bosnia. Lugares en que mujeres jóvenes procedentes de países como Rumanía, Moldavia, Rusia y Ucrania ejercían la prostitución en régimen de esclavitud y eran sometidas a una violencia y una crueldad inimaginable” Añade que “habían sido llevadas a Bosnia por la fuerza o con engaños por las redes de tráfico humano que las desposeían de sus pasaportes”
Antes de seguir con mis preguntas, pienso en que deben existir secretos aún más dolorosos y comprendo que la violación es un arma fatal más de la guerra. Tristemente, los argumentos confirman que no es la primera ni la última vez que la ONU encubre y participa en un negocio de esclavitud sexual con ganancias escandalosas.
Hablo con Kathryn sobre su investigación que estaba ideada para sentar las bases de un marco legal adecuado que protegiera a las damnificadas y no las acuse de responsables. ¿La contraparte? Defensores de la paz convertidos en verdugos con el plan perfectamente construido para culpabilizar y juzgar a las propias víctimas, acusándolas de entrar ilegalmente al país con el fin de ejercer la prostitución para finalmente ser encarceladas o deportadas.
Kathryn, me habla sobre The Whistleblower, film protagonizado por Rachel Weisz, y en el que también participaron Vanessa Redgrave, Benedict Cumberbatch, David Strathairn y Monica Bellucci. Con gran orgullo me dice que la ganadora del Óscar y Globo de Oro, la interpretó de forma extraordinaria “La película fue inspirada en mi trabajo y la historia de los personajes fueron compuestos y basados en numerosas personas con quienes trabajé en Bosnia. Las condiciones de las mujeres y las niñas, así como las historias, son muy cercanas al de las víctimas reales”
Cuando le pregunto si el mensaje de la película fue el correcto y de acuerdo a lo que ella vivió, me explica “Creo que sí, porque el director y escritor crearon un mensaje muy poderoso para ayudar a esta plataforma de educación y conciencia en la que sigo trabajando. Durante años me he dedicado a las áreas de tráfico de personas en el mundo, la corrupción de gobiernos, corporaciones y sus declaraciones públicas protegidas. También doy asesoramiento sobre protección de los denunciantes y los códigos de conducta, y abogo por la política legislativa y reformas para la rendición de cuentas del gobierno.”
"The Whistleblower, Sex Trafficking, Military Contractors and One Woman's Fight for Justice" es el título del libro que Kathryn escribió junto a Cari Lynn. La intuyo muy motivada en profundizar en este trabajo “Andrea, quizás sus lectores estén interesados en leer mi libro. Sobre eso le puedo decir que es un proyecto independiente de la película y es un relato de los hechos con una perspectiva real de quien soy y a través de él, conocerán más antecedentes en relación a los casos de crimen organizado en los que trabajé”
Cuando le pido que me detalle esos antecedentes, me responde “por ejemplo la corrupción dentro de las Naciones Unidas, la falta de rendición de cuentas y la corrupción que ha infectado los contratos gubernamentales y militares. Estos antecedentes actualizarán a todas las personas y periodistas como usted sobre mi trabajo y otras actividades que he realizado a partir de 2011”
Kathryn, insiste en su libro y me comenta “He nombrado a las personas reales involucradas con excepción de las víctimas para su protección. Me fortalece saber que el libro está siendo utilizado en varias universidades como parte de diversos planes de estudio para mujeres en leyes internacionales. El libro y los enlaces de mi sitio web pueden dar algunas ideas a los lectores de DIVA, sobre cómo pueden ayudar en función de sus capacidades, intereses y habilidades. Siempre se necesitan voluntarios y vigilancia cuando hablamos de estos crímenes que nadie castiga”
Una vez más reflexiono unos segundos antes de la próxima pregunta. No puedo sentirme ajena al impacto que provoca esta mujer que a través de su profesionalismo denunció con valentía, pero a cambio de graves consecuencias.
Sé todo lo que sufrió luego de la denuncia y conozco personalmente el precio que debe pagar una mujer al intentar visibilizar ciertas realidades, pero mi pregunta se refiere a si hay algo que recompensó todo ese pesar. Kathryn, me oye respetuosamente, piensa y me dice “Andrea, las dificultades que viví, hoy me hacen sentir honrada porque en 2015 y este 2016 nuevamente estoy nominada al Premio Nobel de la Paz. El sólo hecho de estar incluida en este proceso significa que algo bueno ha salido de mi trabajo y que aún quedan algunas personas que continúan prestando atención hacia quienes queremos hacer cambios por el mundo”
Cuando menciona “quienes queremos hacer cambios por el mundo” no dejo de imaginar lo que enfrentó luego de la denuncia. Tras su despido y durante años no encontró trabajo en la comunidad internacional. De forma discreta, le pregunto acerca de cómo logró reconstruirse profesional y económicamente. Sin pretextos me responde “Ha sido difícil, pero actualmente doy charlas y conferencias en universidades, organizaciones gubernamentales sin fines de lucro en relación al tráfico de seres humanos, los códigos de conducta, ética y el uso de los contratistas privados del gobierno para misiones en el exterior. Me he centrado en el tráfico de personas para la prostitución forzada y la violencia contra las mujeres, ofreciendo instrucción y capacitación en operaciones de mantenimiento de la paz ”
Mi conversación con Kathryn la defino, como una enseñanza acerca de mujeres con intereses superiores que buscan dentro de sus posibilidades ser útiles para el mundo.
Hablar con ella es empaparse de un ser humano que aún cree que el deprimente escenario en el que vivimos puede mejorar. Por lo mismo, no podemos terminar la conversación, porque a cada minuto surge otra charla interesante.
Me confiesa que se niega a dejar de luchar por nuestro género “Andrea le quiero contar que la campaña Code Blue es otra iniciativa en la que estoy involucrada y siguiendo desde el 2014. Esta misión es tan importante como la que ya realicé y cubre el caso reciente en contra de las Naciones Unidas y enviados de paz franceses a la República Centroafricana, La campaña está buscando poner fin a la inmunidad de los enviados de paz en relación a abusos sexuales en áreas de misión alrededor del mundo”
Para profundizar más en lo que Kathryn me dice, leo algunos de sus dichos sobre esta campaña “Lo que sucedió en Bosnia con las víctimas del tráfico de personas en los años noventa es similar a lo sucedido en la República Centroafricana. Sobre todo, los supuestos casos de acoso a grupos de población necesitados, a manos de organizaciones destinadas a protegerlos. El escándalo de Naciones Unidas continúa. Primero se descubrieron y ahora, cuando se abrieron las investigaciones, la ONU trata de cerrarlos y desacreditar a quienes los han destapado. El concepto de “encubrimiento” aparece frecuentemente en las misiones de paz. Yo supe de los casos de abusos en la República Centroafricana cuando hablé con expertos sobre la campaña Code Blue. Tratamos de ver cuál sería el mejor camino para terminar con estas prácticas. Pero se descubrió que la ONU no sólo estaba tuerta, sino que se había convertido en un monstruoso cíclope que trataba de evitar la investigación y la persecución penal de los delitos de los Cascos Azules. Una cortina de humo oculta a los países miembros acusados. Se afirma que Naciones Unidas no tiene control sobre las medidas disciplinarias aplicables a Cascos Azules de los países afectados. Algo que, en parte, es cierto”
Le comento que es de conocimiento público que el secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, encargó a la experta en seguridad Jane Holl Lute coordinar una respuesta contra las acusaciones y aunque Kathryn ha declarado en algunos medios que no cree en los esfuerzos de la organización, hoy duda sobre si “sean serios los esfuerzos en los últimos 15 o 20 años con respecto a los abusos de los Cascos Azules a mujeres y niños. Siguen negándose a encargar la investigación a los equipos adecuados. Está claro que los altos cargos encubren para mantener su imagen”
Descifro su descontento y le digo que leí más de sus declaraciones sobre su poca esperanza respecto a que cambien las políticas de la ONU para evitar delitos, como estos en las misiones de paz y si mantiene esas afirmaciones acerca de que si no cambia la plana mayor difícil que cambien las prácticas conocidas hasta hoy. Kathryn, mantiene sus declaraciones “La ONU no se responsabiliza de estos casos. La responsabilidad está en los Estados miembros. Y mientras no sancionen y condenen las responsabilidades individuales de los enviados a las misiones de paz, Naciones Unidas tampoco hará nada. Han dejado de lado el asunto de las sanciones y responsabilidades. Y se fían de que lo aborden los países miembros. Ya es hora de que los Estados asuman el control de la ONU y termine este juego de echarse la culpa los unos a los otros”
No sólo la felicito por la mujer que es y representa, también le explico un poco sobre mi trabajo y la siento fascinada. Kathryn, agradece lo que hago y mi interés en que, a pesar de los años transcurridos, su historia hoy es portada de DIVA.
Concluyendo la entrevista, mis pensamientos se alborotan y siento que mi cerebro pierde toda razón. El dato más escalofriante que reveló esta investigación fue la identidad de los culpables, personal y soldados de la ONU, policía internacional (IPTF, Internacional Police Tasks Force), tropas de la OTAN, diplomáticos destinados en Bosnia, policía local de Bosnia. Todos cómplices que se beneficiaban de los servicios de estas mujeres.
La furia es la primera sensación al conocer estos casos frente a quienes no deben recordarse por la violación a las personas a las que deben proteger, pero la investigación de Kathryn no sólo reveló que las niñas esclavas eran encontradas con objetos dentro de su cuerpo, sino también la responsabilidad de quienes fueron capaces de parir y criar a “seres humanos”, dispuestos a dañar brutalmente la vida de otras mujeres.
Días después de la entrevista con Kathryn, busqué quienes me pudieran colaborar con un análisis más profundo sobre estos casos. No hubo respuesta y si la había, nadie estaba dispuesto a hablar del tema, incluso quienes se hacen llamar expertos en psiquiatría en la maldad humana y abusos sexuales.
UNA NOCHE DE ...
Es un poco tarde, para ser exacta son cerca de las 3:00 am. Escucho Woman in Chains de Tears for Fears y es inevitable no seguir cuestionando la dominación que el poder y la “masculinidad” ejercen sobre nuestro género.
Mi mente debate sobre aquellas cadenas a las que se somete una mujer. Tanto a las víctimas como a quienes investigan y denuncian. Unas más sombrías que otras pero finalmente siguen siendo cadenas. Traumáticas y sin alma.
Indago un poco en la historia y busco respuestas sobre cuándo fue que la mujer fue valorada, sólo como un simple objeto de piel y hueso usado como inodoro de las más inmundas perversiones humanas.
Pienso en aquellas que se han acomodado a esos paradigmas y que voluntariamente, a través de la explotación de un cuerpo, ofrecen su única utilidad para el mundo en las vitrinas que brinda la tecnología.
La gravedad de este asunto es que quienes sufren los desenlaces fatales, son quienes nunca buscaron dedicarse a la prostitución.
Es extraño lo que siento, pero me arriesgaría a decir que son tantas las culpas repartidas. Pienso en el poder, la mala crianza de quienes nunca debieron ser madres y sólo aportaron la maldad y resentimiento hacia el concepto “mujer” por parte de sus hijos. Reflexiono también sobre la depravación mental, la genética, el comportamiento inadecuado de un alto porcentaje de mujeres y sus consecuencias para las futuras generaciones. Culpo también a las propias naciones que niegan oportunidades de desarrollo humano y cada vez son más las afectadas que buscando un futuro próspero caen en manos de la desgracia.
No entiendo si somos víctimas de un engaño masivo, pero quienes nos deben proteger nos decepcionan cada vez más. La lucha humana surge entre la opresión y la sumisión. La confusión masiva entre libertad con libertinaje y las heridas que carcomen inocentes.
Siempre recuerdo esa gran diferencia entre quienes nos halagan y quienes nos respetan. La madurez sólo alimenta de desconfianza y cicatrices que dejan los elogios.
Como mujer y periodista, sólo pido que estos hechos no sean catalogados como “una reacción típica de mujeres histéricas”, como fue tildada Kathryn.
Son las 3:30 am. Apago las velas de vainilla que me acompañaron e iluminaron esta fría noche. Antes de dormir, pienso un poco desesperanzada sobre esas verdades que se siguen manteniendo ocultas y cuándo fue que las grandes organizaciones, así como el banal y cobarde periodismo de hoy, definió el momento en que la violación a los derechos humanos se encargó de destruir la vida de muchas para seguir alimentando una sociedad ciega, sorda y muda ante el engaño.


