SEXO Y PERIODISMO: LAS CONSECUENCIAS DE UN ¡NO! | SHEENA SHIRANI, LA PERIODISTA IRANÍ QUE DENUNCIÓ ACOSO SEXUAL
Por Andrea González-Villablanca
2016 | Publicaciones DIVA Periodistas®
SEXO Y PERIODISMO
LAS CONSECUENCIAS DE UN ¡NO!
CUANDO EL SEXO ES LA ÚNICA VÍA PARA EJERCER EL PERIODISMO REMUNERADO
Cuando un acosador sexual oculta el rostro, son sus propias manos las que delatan y proyectan la imagen de su víctima. Sin embargo, existe una fractura moral aún más honda: cuando las manos de una mujer —aquella que ha escalado a cargos de influencia— sueltan las manos de la víctima de esta agresión, abdica por completo de su propia dignidad y valor esencial.
Nos enfrentamos a una violencia estructural, amargamente injusta. Ningún castigo institucional resulta suficiente. Mucho antes de que el estallido global del movimiento #MeToo se convirtiera en tendencia mediática, DIVA documentó y denunció el caso de una víctima de esta agresión en un país que reprime y castiga con cárcel a mujeres periodistas.
En 2016, publicamos nuestro especial: "SEXO Y PERIODISMO: Las consecuencias de un ¡NO! Cuando el sexo es la única vía para ejercer el periodismo remunerado".
La investigación fue catalogada como "excesivamente fuerte y ofensiva". Una censura previsible por parte de los culpables, pero secundada con virulencia por aquellas que ascendieron en el organigrama laboral tolerando las obscenidades del acosador; las mismas que más tarde adoptaron la bandera por la causa feminista.
Después de años y el escándalo desatado por el lucrativo movimiento ¿Cómo llamarías a las abanderadas que callaron nuestro testimonio y nos hostigaron por temor a perder los privilegios que le ofrecía el acosador?
DIVA desentraña la verdad del acoso sexual infligido a mujeres periodistas. Esta es la crónica de cómo un sinnúmero de organizaciones que simulan la salvaguarda de los derechos humanos en foros y conferencias, abandonan a las víctimas reales en el instante preciso en que la intimidación se vuelve bestial.
¿Es el acosador el mayor enemigo de la víctima?
En 2016, me documenté sobre todas las denuncias que tímidamente buscaban ser visibles. Cada testimonio transcrito significaba revivir los capítulos de mi propia historia; implicaba mantener la fidelidad a una convicción que por años me permitió descifrar la verdadera naturaleza de quienes se deben confrontar a cambio de una oportunidad laboral: «Para conocer las verdaderas intenciones de una persona, hazle creer que es superior a ti». Es un axioma que, puedo asegurar, jamás falla.
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OCTUBRE 2016
Se acercaba la tarde en el Ritz - Carlton. Sólo necesitaba un té verde con jazmín para permanecer, como una piedra en un rincón. Intenté visualizar una portada de DIVA con este tema y sentí la furia que me provoca oír, leer y vivir esta situación.
En mi computadora, archivé testimonios de denuncias sobre Acoso Sexual a Mujeres Periodistas, que siempre me causaron desconfianza, pero me detuve en cada uno de los casos. Analicé el de la ex reportera Gretchen Carlson, de canal Fox 5, quien acusó al ex presidente de la cadena- el ya fallecido Roger Ailes - de despedirla por rechazar sus propuestas sexuales. Carlson declaró que "Todas las mujeres merecen un lugar de trabajo digno y respetuoso en el que se reconozca su talento"; Sin embargo, retiró la demanda y recibió 20 millones de dólares. A este caso, que parece ser más económico que ético, se sumaron más de una veintena de mujeres que han denunciado situaciones de acoso y abuso a las que se vieron sometidas por Ailes, quien salpicado por el escándalo, se vio obligado a dimitir, luego de un mes de conocerse la demanda.
Los descaros de connotación sexual, no cesaron en Fox. En un documento de 37 páginas, otra presentadora de noticias, alegó que fue retirada de su rol al aire, como represalia tras presentar una queja por acoso sexual contra Ailes, su ex jefe. La periodista, aseguró que los ejecutivos de Fox News, cubrieron las acciones del supervisor. "Fox News se hace pasar por un defensor de los valores tradicionales de la familia, pero en el detrás de escena funciona como un culto similar a la Mansión Playboy, impulsado por el sexo, impregnado de intimidación, indecencia y misoginia", afirmó en su demanda, presentada en la Corte Suprema de Nueva York. También, se especificó "Ailes no actuó solo. Puede haber sido el principal culpable, pero sus acciones fueron toleradas por sus lugartenientes de más alto rango, que se involucraron en un esfuerzo para silenciarme mediante amenazas, humillaciones y venganza".
Continué navegando en la red, inmersa en la arquitectura de un sistema corporativo opresivo. Al calibrar el alcance de mis intenciones de abordar el tema, y con el peso de mis propias experiencias a cuestas, decidí avanzar sin reparar en las consecuencias. Al fin y al cabo, pertenezco a esa estirpe de mujeres autoformadas sin el miedo a pronunciar un NO como respuesta.
Analicé el caso de Fox y me detuve en Ailes, que a fines de 2016, seguía prestando servicios para su gran amigo y director ejecutivo de 21st Century Fox, Rupert Murdoch. El conocido magnate de los medios de comunicación australiano que luego de 30 años de matrimonio y tres hijos, se divorció para 17 días después, celebrar la bullada unión con su ahora ex esposa, Wendi Deng. La misma, que conoció entre copas de champagne y que años anteriores, curiosamente instaló en Fox TV y premió con una beca en News Corporation, para trabajar en su filial de televisión asiática por satélite, Star TV.
Me detuve a pensar unos segundos. Sentí una profunda sospecha sobre la verdadera identidad de quienes nos informan. ¿Qué tuvo que hacer ese amplio sector de "periodistas" antes de ejercer en un medio consolidado o conseguir altos cargos corporativos?
Esa pregunta revela una de las realidades más oscuras del gremio: el sometimiento como requisito de acceso.
Para ese sector que decidió ceder, el precio a pagar fue la entrega de su dignidad y la aceptación de un código invisible que supeditaba el talento al favor sexual. Tuvieron que naturalizar el abuso, tolerar las insinuaciones como "costos colaterales" del oficio y, en el peor de los casos, convertirse en cómplices del silencio para proteger los privilegios recién adquiridos.
Por el contrario, para quienes decidieron responder con un NO rotundo, el peaje fue el exilio profesional: el veto, el hostigamiento, la pérdida de oportunidades laborales y el cuestionamiento de su capacidad.
Esta pregunta tiene un impacto real demencial porque desnuda una paradoja terrible: quienes tienen la responsabilidad de informar sobre la verdad y defender la justicia ante la sociedad, construyeron sus propias carreras sobre la base de una extorsión silenciosa.
Y entonces, ¿Qué credibilidad pueden transmitir frente a la verdad cuando su propia carrera está cimentada en el silencio? Fue en ese instante cuando recordé las innumerables ocasiones en que puse a prueba a quienes se me acercaron con falsas promesas de trabajo.
Al transcurrir los meses, la ola de periodistas, que acusaban ser víctimas de acoso sexual en los medios donde trabajaban durante largos años, seguía tomando fuerza y desenmascarando a altos ejecutivos que impusieron, como un sagrado código de ética para esta profesión, intercambiar sexo por un empleo.
Comprendí entonces que aquellas peticiones estaban naturalizadas, incluso por las propias víctimas. ¡Insisto! Sabía que pronunciar un NO, defenderme y denunciar acarrearía consecuencias drásticas para el desarrollo de mi carrera. Definitivamente no fui la única que lo experimentó; fue una constante tanto en las aulas universitarias como en los diferentes medios donde trabajé.
En conversaciones con otras colegas, analizamos la realidad de los medios hispanohablantes. A pesar de la existencia de leyes diseñadas para protegernos del acoso sexual laboral, las mujeres seguimos librando una batalla diaria para que se nos tome en serio. Culturalmente, las insinuaciones y los comentarios degradantes suelen camuflarse bajo el velo de simples "bromitas sexuales".
Se trata, indudablemente, de un humor sombrío que adoctrina a soportar lo insoportable. Es ahí donde aparecen las querellas legales, tratadas con un profundo irrespeto por el sistema. El entorno las reduce al recurso desesperado de mujeres supuestamente histéricas, fastidiosas e inútiles para una sociedad que, hasta nuestros días, insiste en utilizar a la mujer como un vertedero de desechos sexuales, degenerando por completo el derecho fundamental al ejercicio de su profesión como la vía más digna para lograr autonomía económica.
Es imposible repasar estas realidades sin confrontar la frustración deontológica que generan. La situación me conecta directamente con lo expuesto en una entrevista previa, donde analicé los sesgos que imperan en la industria: “El perfil de una periodista autónoma, atractiva y con logros propios suele ser blanco de prejuicios estructurales. Cuando decidimos no capitalizar nuestra carrera a través del chantaje o de invitaciones transaccionales, el entorno suele responder con narrativas de descalificación personal y profesional. Son respuestas típicas de un ecosistema que resiente el establecimiento de límites claros”.
Sostengo que esta problemática va más allá de un desencuentro personal; es un bloqueo sistemático. Cuando decidimos proteger nuestra dignidad profesional, pasamos a ser percibidas como una amenaza para quienes administran el acceso a los medios, resultando en la exclusión deliberada de los espacios de desarrollo.
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HAN PASADO UNA HORAS...
Y la luna exige presencia. La melodía del piano, intenta apaciguar mi temperamento, pero sigo aquí, como piedra en un rincón. Quizás, en un estado de trance junto a mi té con jazmín. Analizo mi vida y la de todas quienes hemos sufrido las represalias por defendernos a tiempo. Acepté... que trabajar de forma usualmente dócil y silenciosa, no era lo mío.
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LA ERÓTICA DEL PODER
Me encontré reportes que hablan del 69% de periodistas en Afganistán acosadas sexualmente en el desempeño de su profesión y un 65 % amenazadas por familiares y grupos religiosos extremistas debido a su género y profesión, según un estudio del Comité Afgano para la Seguridad de los Periodistas (AJSC). El informe, afirma que las víctimas fueron objeto de acoso por parte de funcionarios de gobierno durante el transcurso de entrevistas.
Sigo abriendo los marcadores de mi computadora y leo que el año pasado, 40 periodistas de medios franceses, como Le Monde, Agence France Presse, canal de televisión France 3 y la estación de radio France Inter, publicaron una carta abierta, de forma anónima, en la que describen, cómo la clase política en la administración de Sarkozy y Hollande, las acosa sexualmente a diario, impidiéndoles hacer su trabajo.
Decidí cruzar fronteras en busca de perspectiva y contacté a una colega residente en París. Necesitaba contrastar mi investigación y descifrar si la hostilidad era un mal local o si las periodistas en Francia enfrentaban las mismas condiciones de vulnerabilidad laboral.
Rápidamente, ella me recordó el drama protagonizado por la periodista y escritora Tristane Banon, quien relató que a sus 23 años, consiguió entrevistar a un político prestigioso para el libro “Errores confesados” en el que estaba trabajando. El “agresor” la citó en un departamento parisino y no en su despacho.
Mi colega me envió las declaraciones de Tristane: "Puse la grabadora en marcha para empezar cuanto antes. Él me pidió que le tomara la mano, porque lo que tenía que confesar era muy íntimo, a lo cual yo accedí. Después de la mano vino el brazo, luego algo más, entonces le dije que parara... Todo terminó de forma muy violenta, porque yo le repetí claramente que no. Luchamos en el suelo, le di un par de bofetadas y hasta patadas, pero él rompió mi sujetador y trató de bajarme los vaqueros". Tristane, admitía que no quería ser “la chica que tuvo problemas con un político”, pero años más tarde se atrevió a acusar al antiguo ministro francés de Finanzas y ex director gerente del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss-Kahn, como su acosador, quien fue detenido en Nueva York por violar a una camarera del hotel Sofitel. El año pasado un tribunal francés lo absolvió de otro de sus problemas legales: proxenetismo agravado" y orgías brutales con prostitutas.
Strauss-Kahn, estuvo casado con Anne Sinclair, irónicamente también periodista. Anne, renunció a su trabajo para ser la mujer que mediáticamente lo fabricó y diseñó su fulgurante carrera en la política. Es la única heredera del marchante de las obras de Picasso, nombrada mejor periodista del país en 1986 y la mujer más influyente de Francia en 1985. Se divorció en 2012 de quien ha simbolizado por años la repugnante “Erótica del Poder”.
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EL ESCÁNDALO SEXUAL QUE REMECIÓ AL PAÍS QUE REPRIME Y CASTIGA CON CÁRCEL A MUJERES PERIODISTAS
El responsable del escándalo sexual que remeció Irán, los medios de comunicación y las redes sociales es el editor de noticias de Press TV, cadena internacional en inglés. Hamid Reza Emadi, ex portavoz del régimen iraní y uno de los nombres incluidos por el Tribunal de Justicia Europeo en la lista negra de Derechos Humanos de la UE. Emadi, tiene prohibido el ingreso a la Unión Europea por extraer y publicar confesiones forzadas de prisioneros políticos.
¿Su víctima? Sheena Shirani, una reconocida periodista y ex conductora del canal financiado por el Gobierno de Irán que decidió tomar venganza haciendo públicas las pruebas que culpaban a Emadi de acoso sexual. Su caso, fue utilizado por "algunas y algunos" para ganar fama, mientras todo organismo internacional que hipócritamente fingía proteger nuestros derechos y lucraba con el movimiento #MeToo, le negaron protección. Sheena se vió obligada a escapar de Irán por temor a perder su vida. Hasta la fecha, vive oculta y sin un país al que pueda llamar hogar.
“No se trata de venganza, se trata de justicia” me explica Sheena cuando la contacto por primera vez en 2016 y le propongo revivir los duros episodios que sufrió durante años en los estudios centrales de Teherán. De voz dulce y muy entusiasmada con mi entrevista, la percibo valiente y dispuesta a responder cada una de mis preguntas. Tuvimos una conexión inmediata y presentí que nuestra conversación, exigía largas horas.
Le comenté que me documentó sobre su caso en The New York Times, donde se explica parte del contenido sexual con el que Emadi la hostigó durante años. Sheena, me dice que luego de su turno de noche, "el acosador" adoptó, la costumbre de pedirle que lo visite en su casa, pues la esperaba completamente desnudo en su cama. Tras las negativas de Sheena, Emadi le planteaba tener relaciones sexuales telefónicamente “por sólo cinco minutos” argumentando que se trataría, sólo de un favor de amigos. El fastidio de Emadi no tenía límites e insistía a Sheena que sus senos lo volvían loco y que fantaseaba tener sexo oral con ella.
Nuestra conversación avanzaba con fuerza y su voz adquiría tonos de rabia, cada vez que mencionaba a su agresor. “Debía pagarle con sexo todo lo que hizo por mí, me refiero a que después de acusar al director de estudio de Press TV, Payam Afshar, de acoso sexual y tras rechazar sus insinuaciones, Afshar me sometió a ataques injustificados, pidiendo a otros empleados informar sobre infracciones insignificantes, tal como llegar un segundo o dos tarde al programa. Yo le pedí que me ayudara en cómo tratar a Afshar, necesitaba el trabajo y Emadi me ayudó a resolver el problema ocultándose bajo un supuesto “apoyo profesional”; Sin embargo, no dejó pasar mucho tiempo para hacerme saber que esa ayuda debía ser pagada con sexo”.
Era tanto lo que debíamos contrastar. Le expuse que su caso manifestaba a la perfección el papel precario y hostil que enfrentan las mujeres en el campo profesional de Irán, pero que el acoso sexual contra las periodistas es, en realidad, un mal universal que se replica de generación en generación.
Sheena escuchó mis palabras con un silencio riguroso. Me confió que su denuncia había sido recibida con desaprobación y desdén por sus propios pares y compañeros de trabajo. Ante esa complicidad gremial, la pregunta se vuelve inevitable: ¿Por qué no existe un respaldo laboral real para las mujeres que, como ella, se atreven a romper el pacto de silencio y denunciar?
Inmediatamente, Sheena me responde “Por desgracia, en la sociedad actual, el acoso sexual de las mujeres en colegios, universidades y lugares de trabajo es un fenómeno muy amplio. Tú y yo, siendo periodistas y habiendo trabajado en la industria de los medios de comunicación desde hace más de una década, reconocemos esto más que la gran mayoría” - se detiene unos segundos y dice - “Andrea, tengo tiempo conociendo una y otra historia triste, que afecta a mujeres que son acosadas en todo el mundo; incluso las mujeres en puestos de alto perfil no están exentas de esta trágica realidad; Sin embargo, la diferencia entre yo y muchas de nuestras colegas en los países occidentales, sería el hecho de que yo no tenía libertad para hablar en contra. Es importante destacar que la cultura iraní satisface al hombre. Dominan todas las facetas de la sociedad. Por lo tanto, cuando hay personas que desafiamos ese dominio, somos vistas como una amenaza. La amenaza se intensifica, cuando se trata de una mujer, porque las mujeres son criadas para estar al servicio de los hombres. "Si él quiere, das." Esa es la mentalidad. Las mujeres están programadas para creer que son responsables de la fidelidad de todos los hombres a su alrededor. Si un hombre desea a una mujer, la mujer es la responsable. Esta ideología da a los hombres un pase para actuar sobre sus fantasías y deseos sexuales, porque la culpa no recae sobre ellos, sino en la mujer. Los hombres son los depredadores y se han convertido ellos mismos en las víctimas, ya que el clásico "no puedo controlarme a mí mismo", se ha convertido en su excusa.
Luego de terminar su respuesta, discutimos la bestialidad con la que los hombres ven a la mujer. Compartimos opiniones y decidimos analizar, por qué Facebook removió la publicación de su denuncia por no seguir las normas comunitarias de la red social. — le pregunto si cree que las redes sociales colaboran con el trato indigno hacia un ejemplo de mujer vista, como objeto sexual y no, como una profesional — Sheena toma un poco de agua y responde — "Personalmente quedé muy shockeada cuando Facebook removió algunas de mis publicaciones porque había posteado mis evidencias; Sin embargo, mi historia salió antes de que esa red social las retire"
Solidarizo con su situación, pero me surgen dudas y le cuestiono por qué hizo la denuncia en Facebook y no una demanda formal dentro de Irán.
“Recurrí a Facebook para compartir mi historia como mi único medio. Sentí que hablar en contra de lo que me había sucedido era lo correcto de hacer y, posiblemente, podría ayudar a muchas otras mujeres que salen y hablan en contra del acoso sexual. También, sabía que iba a ayudar a poner fin a los sufrimientos de algunas de las mujeres con las que había trabajado y que eran demasiado miedosas para tomar cualquier acción debido a la reacción que pueden recibir. Hubo muchas que tomaron nota de mi historia. Había algunas mujeres, agradeciendo mi valentía. Hay incluso, unos pocos hombres que hablaron de mi caso; Sin embargo, muchos de los nuevos seguidores en mi página no están para mostrar su apoyo” — con angustia en su voz, dice — “Andrea, son unos verdaderos trolls, usando mi historia como un medio para vomitar odio. Afirman que soy una desgracia para el Islam e Irán, porque no me guardo el acoso de forma privada. Muchos afirmaron que si hubiera abordado el problema en un tribunal iraní, habría conseguido justicia. Yo sabía que no era el caso. Había vivido en Irán durante el tiempo suficiente para saber, cómo las víctimas son unas putas-vergüenzas. Una vez que salí de Irán, pasándome el sistema de justicia iraní, acudí a un abogado para que tome mi causa. ¿Adivina Andrea el número de respuestas que he recibido?" – Le respondo en tono de interrogante, ¿cero? Y me dice “exactamente, cero... No soy un hombre. No tengo derechos”.
La observo con desesperanza e indignación, pero la invito a seguir con su respuesta “Mirando a la constitución iraní, todo se ve bien sobre el papel. Uno podría pensar que el sistema judicial de Irán trata a los delincuentes sexuales severamente; Sin embargo, la triste realidad es que hay tanto estigma que acompaña a las mujeres que hablan, que apenas se puede encontrar ninguna demanda en contra de un asalto sexual. Por otra parte, la ley requiere que una mujer víctima presente dos testigos varones o cuatro testigos mujeres (el testimonio de una mujer es considerado inferior a la contraparte masculina) a la corte, para apoyar su demanda. Esta ley es escandalosa y logra que sea casi imposible para una mujer demostrar que ha sido víctima de acoso sexual o asalto. El miedo a ser una marginada, o incluso perder la vida, mantiene a muchas mujeres iraníes sin hablar. Me atrevo a decir Andrea, que la única esperanza para que una mujer en Irán reciba justicia cuando se trata de acoso o asalto, sería que ella tuviera vínculos con alguien en una posición de poder. Alguien que sea parte del régimen iraní. Y dado que no existen casos exitosos de acoso que han sido objeto de litigio en Irán, sólo nos queda especular”
La escucho y una vez más, le pregunto si fue esa la razón de no hacer la demanda en Irán. “Con respecto a mi situación, no presenté una demanda en Irán porque sabía que al hacerlo iba a poner en peligro la vida de mi hijo y la mía. Mi director era una figura de alto perfil en Irán que había logrado ganar mucha influencia después de haber sido sancionado por la Unión Europea debido a que viola los derechos humanos. Él era el portavoz del régimen iraní. Me quedé absolutamente sin ninguna posibilidad de ver como se hace justicia. Incluso, si el régimen iraní habría salvado mi vida, habría tenido que pasar a la clandestinidad debido a la vergüenza que llevaría mi familia y la amenaza a mi seguridad de los que desaprueban mi denuncia. Las mujeres no son vistas como las víctimas. Somos responsables de la lujuria de los hombres hacia nosotras”, manifiesta.
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"Por desgracia... no sólo se ganó la maldición que va unida a la gran belleza física, sino que además era excepcionalmente inteligente. En nuestro mundo, la mujeres inteligentes tienen asegurado un futuro pesar, pues no hay donde emplear la inteligencia"
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Con Sheena logramos gran confianza desde un comienzo y para una pregunta que parecía una trivialidad, sabía que ella, tendría una respuesta útil para toda mujer a la que se le asignó este incomodo sitial y le pregunté - ¿Crees que es una desventaja ser una mujer con talento y físicamente atractiva? - Me oye atentamente, piensa y responde de forma sincera -
“No creo que mis talentos son una desventaja. Me enorgullecen todas las habilidades con las que he sido bendecida. Me considero una mujer del renacimiento. Soy escritora, poeta, periodista, artista, etc. Estos son regalos y los aprecio. Sobresalí, a causa de mis talentos y ética de trabajo. He ganado elogios y progreso. Desafortunadamente, muchas personas me miran y ven sólo una cara bonita. Por lo tanto, asumen, falsamente, que soñaba con llegar a la cima. Cuando se trata de ser una mujer atractiva, siento que es una desventaja en una sociedad, como la de Irán. La cultura ve a las mujeres, como objetos de deseo. Nosotras no somos respetadas por nuestra mente. Se nos ha enseñado, desde el principio, lo que tenemos que esconder de nuestros cuerpos y no llamar la atención hacia nosotras mismas, porque los hombres no pueden controlarse a sí mismos. Por lo tanto, mientras más bonita eres, o tienes lindas curvas en tu cuerpo, obtienes una atención más negativa” – le pregunto, si ella fue víctima de esa atención negativa - “Puedo recordar una conversación con uno de los gerentes de Press TV. Le había escrito recientemente para usar tacones en el trabajo. Le pregunté por qué otra empleada no fue reprendida, como yo por usar tacones. Su respuesta fue: "No te preocupes por ella. Eres diferente a ella. Tienes un cuerpo diferente. Por lo tanto, se dibuja más atención. "Le pregunté si quería que me ponga el chador (el vestido largo negro de religiosas en Irán que usan para cubrir sus cuerpos desde la cabeza a los pies). Él respondió rápidamente, "¡No! No queremos que te cubras demasiado" Por lo tanto, no había nada de malo en usar tacones. Solo, se convirtió en un problema cuando se trataba de mí. ¡Lo ves Andrea! Accedí al código de vestimenta de oficina que estaba escrito. Yo estaba dispuesta a vestir aún más conservadora, y me dijeron rápidamente que no debía hacerlo. Fue una pesadilla. No importa lo que llevaba, no importaba haber seguido las reglas, ni mi preparación, ni mi talento, ni mis ganas de trabajar y ejercer el periodismo, yo todavía era señalada y luego increpada, cuando denuncié las insinuaciones hechas por estos hombres. Esa fue mi vida, día tras día”
Nos permitimos hacer una pausa y hablar de otros temas. Sheena, manifiesta su comodidad con la entrevista y me agradece que le dé la oportunidad para desahogarse y hablar sobre lo que aún le duele y que fue utilizado por los medios durante el primer trimestre de 2016 para luego ser olvidado.
Acordamos seguir con la entrevista y charlamos acerca de una sociedad, como la de Irán, donde si se es débil y no se tiene vínculos con el poder, se está sola. – con sus gestos afirmó lo que dije – Repetí sus dichos, sobre que "no era vista, como una profesional, sino como un objeto sexual".
Sostengo el hilo de la conversación y recalco una certeza colectiva: todas las mujeres periodistas que hemos padecido acoso sexual en nuestros entornos laborales exigimos un trato digno. Reclamamos el derecho fundamental a ejercer nuestro oficio sin que la negativa a intercambiar sexo por un puesto implique el congelamiento de nuestras carreras o el veto a nuestras oportunidades de desarrollo.
Sheena asiente, reafirmando cada una de mis palabras desde una complicidad forjada en la misma herida, pero mantiene su atención fija en el diálogo. Es entonces cuando formulo el interrogante definitivo: ¿Cuáles son tus objetivos tras haber dado este paso y sostener la denuncia?
Tras un vivaz respiro y buscando fuerza en su voz, dice: “Respeto hacia mí. Respeto hacia el trabajo que hago. Eso es todo lo que estaba pidiendo. Yo no iba a trabajar para ser mirada, ser acosada o ser trivializada. Yo iba a trabajar, sólo a trabajar. Su condición de "jefe" no le daba derecho a acosarme sexualmente. Su posición debía garantizarme respeto desde el inicio. Te confieso que no sé cómo podría mantenerme en ese ambiente si no podía soportarlo. Hablé, porque era lo correcto de hacer. Llegué a un punto en que no podía soportar ir a trabajar nunca más. Me encantaba ser periodista; pero no era capaz de concentrarse en hacer mi trabajo, porque yo estaba constantemente pensando en: ¿Qué me van a encontrar mal hoy? ¿Mi maquillaje, mi vestimenta?
Y así, seguía pensando en qué comentario inapropiado voy a tener que fingir que no oí. Hubo varias noches, en que terminaba llorando en el cuarto de baño, porque un tipo me había acosado justo antes de entrar al set, y yo tenía que mantener la compostura esperando un break para escapar de ahí. No había nadie en Irán, donde pudiera recurrir para buscar ayuda. Todo el mundo está programado para ser insensible ante el acoso sexual. Andrea, muchas veces me pregunté, si ¿lo que estaba viviendo era normal y cuáles son las razones de por qué las personas no pueden ayudarse a sí mismos, por qué no me podían ayudar? Por eso hablé, en Facebook”
¿Y las consecuencias? “Yo sabía que habría una reacción violenta, que significaría un contragolpe. Me han tildado de muchos nombres horribles. Mi vida ha sido amenazada. Me han dicho que busco manchar mi país y el Islam y que soy una “puta” de los medios occidentales. Hay tanto odio, incluso por parte de algunas personas que antes consideraba mis amigos”, me dice.
Sé que las consecuencias son tan dolorosas, como el acoso que sufrió y le pregunto si se considera un ejemplo para que otras mujeres periodistas se atrevan a denunciar “Andrea, desde el comienzo quise tomar una posición y que la gente sepa que, lo que me hicieron, no está bien. Nadie tiene derecho a forzarnos. Nadie tiene derecho a acosarnos sexualmente y en repetidas ocasiones, simplemente porque le atraemos y nos ven vulnerables (en mi caso soy una madre soltera y la única proveedora de mí y de mi hijo). Nadie tiene derecho a ignorar el “NO” y seguir invadiendo nuestro espacio personal. Ese es el mensaje que quiero dar. Se, que hay muchas mujeres que han pasado por lo que yo pasé. Muchas de ellas no tenían voz. Tienen miedo a convertirse en “la mala” (como yo, cuando hablé). Una vez, que empecé a ver algunos de los comentarios y leí los mensajes de mujeres de todo el mundo, que encontraron esperanza en mi historia, entendí que hablar era lo correcto, a pesar de que no era una cosa fácil de hacer”
Seguimos nuestra charla sobre las consecuencias. Le digo que considero el periodismo, como una pasión que exige una lucha diaria. Le pregunté, si tiene planes de continuar con su trabajo en el periodismo o si tras lo vivido ha pensado en renunciar a nuestra profesión. — Sheena, entiende de lo que estoy hablando – “Me encanta escribir. El periodismo también es mi pasión; pero si nunca hago otro informe de noticias, puedo vivir con esto. Mi vida es diferente, ahora. Todo ha cambiado, de manera drástica, desde que hice publica mi historia. Hay mucha incertidumbre con respecto a mi futuro. Fui forzada a huir de mi país.
Tenía miedo de lo que nos sucedería a mi hijo y a mí, después de revelar todas las cosas que he tenido que pasar por ser una mujer iraní.
Me enfrentaba a una decisión muy difícil. Permanecer en Irán y seguir siendo objeto de acoso sexual diariamente; continuar censurándome a mí misma y ser censurada; o salir y hablar en contra de todas las injusticias que yo y muchas mujeres han sufrido en mi país.
En Irán, fui constantemente reprimida por cómo me vestía y por mi comportamiento. Siempre se destacó eso de mí. No importaba cuánto yo intentaba adaptarme o encajar. Traté de adherirme a las reglas y restricciones. Y estaba viviendo esta doble vida - pública y privada - que ya casi no me reconocía.
Me preguntaba, cómo era capaz de tratar de atender a lo que la sociedad demandaba.
Para ellos, nunca fui lo suficientemente buena, aunque me esforzara y obedeciera todas las reglas de mi trabajo y simplemente no funcionó. Ni siquiera eso me salvó, ni me protegió de los hombres que me acosaban. No importaba cuanto cubría y atenuaba mi personalidad burbujeante, yo seguía siendo notoria, después de tantos años lidiando con miradas, gestos y comentarios malintencionados.
Ya era suficiente y estaba cansada. Sé que molesta a mucha gente, hablar; pero hice lo que sentía que era correcto.
Estoy orgullosa de eso. Donde me lleve la vida, a partir de aquí, quién sabe. He pagado un precio muy alto para conseguir las libertades básicas que tengo ahora. La libertad para andar en la calle sin ser silbada con un comentario sexual; la libertad de vestir como quiero y vestirme sin ser señalada y despreciada; la libertad de hablar claro contra lo que creo que es la opresión de mujeres en mi país, sin el miedo a ser procesada. Aunque, por ahora no tomo ninguno de estos derechos básicos, como concedido.
Andrea, no te mentiré. Hay una parte en mí que se ha preguntado si realmente hablar claro era lo correcto de hacer. He tenido que enfrentar tanto odio, escrutinio y abuso verbal. Hay veces que he sentido que no puedo más con todo esto. Ahora, tengo que comenzar de cero una vez más. Diez años de trabajo se fueron por el desagüe.
Mi hijo y yo residimos en un país donde no se habla el idioma. No tenemos ninguna familia o amigos con los que podemos contar. Todavía no he tenido suerte de encontrar un trabajo, por muy básico que sea, debo mantener a mi familia” – me dice con la voz completamente quebrada.
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LUEGO DE MESES DE INVESTIGACIÓN
...Conversaciones, entrevistas con colegas que ejercen en distintos puntos del planeta y planteando la misma agresión, desde variados puntos de vista, comprendí que de acuerdo a sus culturas y sociedades, podemos descifrar que el acoso sexual en los medios de comunicación y en toda empresa donde se ejerza el periodismo, es una cuestión de poder aceptado por la disposición de quienes ansían escalar rápidamente.
Un mal que no conoce fin y se suma a la tiranía del mínimo poder que se le concede a los jefes de información, directores, productores, ejecutivos y demás, sobre la posible víctima.
Hoy y siempre en lugares donde una mujer puede desempeñar su profesión, la ética periodística brilla por su ausencia. Los criterios, sólo obedecen a los intereses de los dueños de estas corporaciones y sus marionetas reclutan a jóvenes recién egresadas con un sueldo miserables, favores oscuros y la promesa de minutos de fama que las convertirán en rostros de sus parodias de información.
"Es fácil dejarse manipular y recibir órdenes para transmitir información falsa, omitir y callar cuando se está manchada", dice mi colega en París.
Esta es la ocasión perfecta para todos los que prometiéndome ayuda laboral, tontamente buscaron persuadirme con la poca astucia con la que fueron dotados y haciéndome creer que una "inocente invitación, viajes o lujos me darían lo que busco en el periodismo. Bien dicen, "La ventaja de ser inteligente es que se puede fingir ser imbécil, mientras que lo contrario es totalmente imposible"
Con esta edición, no quise perder detalles, transparenté y seguí cuestionando las razones de por qué "algunas respetables periodistas", callan y se mantienen por años en sus empleos, esperando a ser despedidas para denunciar. Y por qué, a las pocas que dimos un ¡NO! como respuesta, se nos negó sistemáticamente la oportunidad de ejercer nuestra profesión.
Cuando escribí lo anterior, volví a los dichos de Sheena "Nunca tuve ningún tipo de relación con mis jefes, si así fuera, habría alcanzado niveles más altos en Press TV en lugar de trabajar ahí desde 2017, como una mujer sencilla, sin contrato, ni seguro y con el riesgo constante a ser despedida"
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SON CERCA DE LAS 5:00 AM
Mi sobredosis de té se acaba. En mi mesa hay un par de rosas blancas y el solitario piano frente a mí, me recuerda las melodías de Ennio Morricone para Disclosure.
Pienso que he sido testigo de “si no hay justicia tarde o temprano la vida se encarga de instalar a cada quien en su sitio”.
Con una sonrisa y mis primeros bostezos, después de largas horas de redacción, me siento orgullosa de cómo he encaminado mi forma de hacer periodismo. Y es que con los años aprendí que, sólo yo tenía la capacidad de crear un espacio donde podía aplicar la inteligencia que exige mi profesión, sin tener que denigrarme como mujer.
Quizás, esto es, como dice Sheena “No sé dónde la vida me lleve, desde aquí. Sólo sé que donde quiera que esté, yo seguiré buscando mi destino”.
Lo cierto, es que desde mis comienzos en esta difícil profesión, nunca permití que el sexo sea la única vía para ejercer el periodismo remunerado, porque soy MUJER, soy PERIODISTA y me comporto como tal, asumiendo que si las "otras" callan, y esperan a ser despedidas para denunciar, hoy lo más sensato será pensar que EL VERDADERO EMPODERAMIENTO ES DENUNCIAR CUANDO NADIE LO HIZO.
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El especial SEXO Y PERIODISMO, las consecuencias de un ¡NO! Cuando el sexo es la única vía para ejercer el periodismo remunerado, fue publicado en 2016 junto al testimonio de Acoso Sexual más riesgoso para una víctima proveniente del país que reprime y castiga con cárcel a mujeres periodistas. El poder del "acosador" significaba otro gran peligro tanto para la denunciante, como para esta publicación.
DIVA, dio seguimiento al caso de Sheena Shirani y hasta la fecha la ex presentadora de noticias e importante personalidad del periodismo iraní, debe mantenerse oculta por temor a perder su vida en países a los que no puede llamar hogar.
Todo organismo internacional que lucra con el movimiento #MeToo y la promesa de proteger a mujeres periodistas víctimas de acoso sexual, censuró e ignoró su difícil situación.
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