GABRIEL ROLÓN | FENÓMENO INTERNACIONAL DEL PSICOANÁLISIS

 



Por Andrea González-Villablanca

Agradecimientos a: Sonia y Gabriel Rolón

 2015  |  Publicaciones DIVA Periodistas®


"Todo aquel que quiera ser un hombre, tiene que tener preguntas, porque si no terminás siendo una especie de organismo viviente con una vida sin sentido, como la de aquellos que solamente están para alimentarse, dormir, procrear, subsistir y nada más. Por eso es que hay que preguntarse sobre esta falta de sentido de la vida"  

— Gabriel Rolón



Entre la belleza melancólica de un otoño florentino, pensaba en domar las aguas y seguir el viento. La niebla había secuestrado la luz, despidiendo cierta eternidad y quietud al momento. En débiles líneas se leía: "la vida duele y es un gran drama con algunos pasos de comedia"

Me rodeaban rosas blancas que se trenzaban con el perfume a incienso de gardenia. Para enriquecer el ritual, encendí velas en una ciudad con sombras de la edad media. Mi pensamiento fue noble y superior, pero se dramatizaba con la rivalidad entre una imagen silenciosa y un ánimo inquieto.

Discretamente, abrí uno de mis libros y recordé años en que mi ansiedad por entender el mundo, se justificaba tras la constante observación hacia quienes conformaron mi mundo universitario, laboral y social, personas que tenían como principal virtud el sin sentido de la vida. Aquel escenario logró desnivelar las más profundas preguntas del alma que habita en mi mente.

¡Es cierto! Soy de una generación que sigue la corriente, no sabe lo que quiere, no conoce el origen de sus dolores y su principal defecto es su naturaleza adormecida.

Parecía contagioso y ante mi desaprobación a todo lo visto el espíritu se volvió distante. Doy vuelta la página y leo Studien über Hysterie del Dr. Josef Breuer und Sigmund Freud, autores que en 1895 originaron el psicoanálisis. Una práctica que Freud entre 1892 y 1898, convirtió en una técnica de tratamiento que pasó de la hipnosis (un método catártico) al método psicoanalítico (tomar una postura en un diván sin cerrar los ojos).

Hice trabajar la memoria y recordé una clase de psicología que me ayudó a encontrar escenas de la vida real. Repasé conceptos, como la regla psicoanalítica fundamental y cómo fue que el método de asociación libre vendría a enriquecer la teoría psicoanalítica. Freud, aseguraba que la labor de hacer patente los elementos patógenos olvidados tenía que pugnar contra la resistencia, es decir sacamos la consciencia, olvidamos y reprimimos. Fue ahí cuando surgió el producto sustituto de la idea reprimida que se conoce como el síntoma y que nos lleva a comprender que aún seguimos viviendo en una sociedad mundial que enmascara el origen de sus dolores.

Analizo pinturas medievales y un moderno piano blanco que hay que evitar ver a fin de romper el precioso ambiente de antigüedad que reina allí. Me sentía tan parte de lo que me decía Freud, como del lema renacentista que fue fruto de la difusión de las ideas del Humanismo. Una época de beldad que descifró una nueva concepción del hombre y del mundo. Entendí que me había instalado mentalmente en un período de transición entre la Edad Media y el mundo moderno. Mis ánimos se arriesgaron a hacer una nueva teoría entre el arte sublime del renacimiento que se ocupaba incesantemente en fundamentar de manera racional su ideal de belleza. Una aspiración pasional por acceder a la verdad de la Naturaleza, a través de la expresión de sus exponentes e interpretación de quien lo observaba. Como en la Antigüedad, no se orienta hacia el conocimiento de fenómeno casual, sino hacia la penetración de la idea. Creí que sería sensato relacionarlo con el psicoanálisis que tras el legado de Freud, quien también debió vencer muchas resistencias mentales, fue capaz de transformar al ser humano, haciendo del inconsciente el verdadero objeto de investigación psicológica.

... Comencé a percibir, como el frío estremecía mi piel y luego de al menos 5 tazas de mi sagrado té verde con ment, mi mente danzó presidida por el campanario a silencio omnímodo de la mañana. La noche me dejaba el recuerdo grato de haber nacido en un mundo donde la huella de los pensantes no fue en vano. Pero yo, necesitaba saber más y mientras dejaba volar mi imaginación, mi espíritu instantáneamente plasmó en el papel el nombre del autor de libros que son verdaderas joyas editoriales nacidas de una buena pluma. De inmediato, contacté a su encantadora hermana y en menos de 3 horas agendamos la entrevista.

El frío persistía y mi pañuelo grisáceo ya no era suficiente para calmarlo. Insistí con el perfume a incienso de Gardenia, evocando paz al alma y claridad a la mente, mientras se bloqueaba la negatividad de los que con urgencia necesitan leer o al menos oír a mi entrevistado.

Llegado el momento, confirmé que cada charla con el Premio Libro de Oro 2014 es en voz calma y tono esperanzador pero realista. Su arte es enseñar fragmentos de sus historias clínicas, como arcilla para construir sus relatos. Admite, que el deseo más profundo mueve su escritura y dice que alguien puede considerar al Psicoanálisis como una opción posible para ir en busca de la respuesta a una pregunta que lo habita, o a la simbolización, la puesta en palabras, de un dolor mudo que lo atormenta.

La historia respalda al autor que se ha enfocado en la elaboración literaria del tratamiento de la angustia, buscando el más allá de lo duro de los casos y resultando ser enormemente atractivo para sus lectores.

El secreto de su éxito arrasador, está en contarlos lo mejor que se pueda, pues Oscar Wilde dijo que los libros no son ni morales ni inmorales sino que están bien o mal escritos. “Yo intento escribirlos lo mejor que puedo pues la mejor de las historias, mal contada, carece de interés literario”, ha declarado en los medios. Tal vez ahí radique la magnitud de su fenómeno y en los buenos resultados que se traducen en ediciones que vuelan de las estanterías atracadas por sus seguidores.  

No hay programa de televisión, radio o todo escenario que requiera actualmente de su presencia. Ante el éxito, él responde “En mi práctica clínica mi sustento no está en lo que hice en radio o televisión, sino en mi formación académica y mis horas, como paciente, en el diván”

Su nombre es Gabriel Rolón. Tiene 53 años, nació bajo mi mismo signo, escorpio y mismo mes, noviembre, pero de 1961. Su lucha contra el destino me motiva a admirarlo aún más. Es psicoanalista, escritor, actor y cantante argentino, famoso por su participación en innumerables medios de comunicación. Autor de superventas, como Historias de Diván, Palabras cruzadas, Los padecientes, Encuentros, Historias de diván. Nueve relatos de vida, Medianoche en Buenos Aires, Historias inconscientes. Estudió en la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, se graduó a los 31 años y posee una especialización en psicoanálisis. Abocó su actividad a la Psicología Clínica, especialmente en el tratamiento de las neurosis, psicosis y perversiones. Durante 14 años trabajó en el programa radial "La venganza será terrible" y como columnista en varios programas de radio y televisión. Tuvo su programa propio en televisión llamado "Terapia (única sesión)" y en radio conduce "Noche de diván".

Actualmente es el psicoanalista más reconocido de Argentina y su literatura está lejanamente emparentada con la autoayuda, aunque descansa sobre el sostén de una formación académica sólida, sin resultar empalagosa.

Su profesionalismo es tal, que me pierdo en la contigua arbolada y entiendo que es un entrevistado muy difícil de llevar, pues una pauta concreta y más cuando en cada palabra aparecen rincones atractivos, definitivamente se olvida el plan previo. Lo mejor, fue no extraviarme ni en una pizca de sus palabras. “Los dolores actuales duelen por estar ocurriendo ahora. Los antiguos, duelen todavía porque no puede borrarlos el olvido. Tiempo y análisis. No hay otro modo”, reitera mientras habla del tan debatido sentimiento de “dolor”.

Entre charla y charla nos dirigimos hacia la angustia que habita en la naturaleza del ser humano y me dice “De la angustia del paciente nos defiende nuestra propia angustia. Los analistas somos, antes que nada, sujetos humanos y, como nuestros pacientes, atravesamos un universo en el que muchas veces el dolor nos envuelve y nos lastima.”

Poco a poco llegamos a la introducción del dolor y me explica que “no se supera nunca a pesar de 30 años de psicoanálisis, la vida constantemente nos somete a situaciones que nos provocan dolor. El padecimiento es cuando ese dolor se hace crónico, el psicoanálisis trabaja para que el dolor no se transforme en padecimiento. Mientras que el dolor es sano, el sufrimiento es enfermo. El sufrimiento es la perversión del dolor. Cuando el dolor se pervierte, se vuelve casi eterno, inmanejable… el dolor es una respuesta psicológica ante una tragedia emocional que no podemos manejar”

Cuando le pregunto por curar o sobrellevar, él me responde “Algunos dolores sanan y otros pueden sobrellevarse, que es una manera de aprender a vivir con el pasado a cuestas. No todos los sucesos del pasado pueden curarse porque hay heridas que siempre generarán dolor. Pero el dolor no es lo mismo que el padecimiento, ya que este aparece cuando el dolor se hace eterno y condena al sujeto a una angustia que no cesa. El análisis intenta curar ese padecimiento aceptando que el dolor es parte de la vida misma”.

Mis inquietudes insisten sobre la interrogante de cuándo exactamente ese dolor se convierte en padecimiento y el experto me dice “El dolor es el fruto del trabajo que la psiquis de alguien hace para recuperar un equilibrio que perdió. Pero he asumido hace tiempo que jamás lograré “extirpar” el dolor de mis pacientes, porque el dolor es parte constitutiva de la vida. No importa cuánto alguien se analice, de todos modos sufrirá si pierde un amor, o si muere un ser querido. El dolor es inevitable, pero no el padecimiento. Y esa diferencia es la que hace que cada día vuelva al consultorio. Sé que tampoco lograré que desaparezca en ellos la sensación, aunque a veces leve y susurrada, de soledad. Pero es así pues, como decía aquella vieja canción, "estamos todos solos". 

Le comento que dentro de mis estudios sobre Freud, destaco que el neurólogo austríaco analizó las posibilidades de hallar equilibrio individual desde el alejamiento y la pasividad oriental o por medio del desplazamiento de la libido, dirigiendo la energía sexual hacia el trabajo intelectual, el arte, la ciencia, etc. También que para él la evolución cultural era un proceso conflictivo entre el deseo de satisfacción individual y las posibilidades del grupo, es decir la coerción que la sociedad ejerce sobre los individuos deja en ellos la huella de la infelicidad. Admito que me desvela, la forma en que va surgiendo el psicoanálisis, como una teoría del aparato psíquico de locos y menos locos (cuerdos) excluyendo la idea de la existencia de personas “normales o sanas de mente” y me responde “Yo no creo que todo el mundo deba analizarse. El análisis está ahí para quien está sufriendo y solo no puede con su dolor. O para quien se hace una pregunta que no puede responder. Si uno se la arregla muy bien con sus dolores, no hace falta. Lo que sí es cierto es que una de mis intenciones cuando escribí mi primer libro, fue justamente ir contra ese estigma. Demostrar que hay personas totalmente normales”  

¡Pues bien! No podemos evadir la influencia del psicoanálisis en la sociedad mundial si su movimiento se desplazó con nombres, como Wilhelm Stekel, Alfred Adler, Paul Federn, Ludwig Jekels, Eduard Hitschmann, Hans Sachs, Otto Rank, Eugen Bleuler, Carl Gustav Jung. En 1908 se creó el primer periódico psicoanalítico del que se editaron sólo 5 volúmenes y que se suspendió tras estallar la guerra. En ese mismo año se anuncia el Primer Congreso Psicoanalítico Internacional. Pero en 1909 Freud fue invitado a participar en la celebración del vigésimo aniversario de la Universidad de Clark en Worcester, Massachusetts USA, donde le dieron el título de Doctor Honoris Causa. Como es la costumbre humana, cuando alguien brilla dentro del grupo, comienzan los problemas. Adler decide separarse y Jung también. Posteriormente, Freud decide crear un comité que se desintegró. La situación en Alemania después de 1933 decidió que el psicoanálisis se impusiera en la lista negra incinerando las obras de Freud. En 1938 los nazis ocuparon Austria y la vida peligraba para Freud, mientras se negaba rotundamente a abandonar Viena. Finalmente, debió dejar aquellas tierras para esperar su final.

Pensé unos segundos y sentí que la vida del fundador del psicoanálisis se resume en las palabras de Miguel Ángel «Cada bloque de piedra tiene una estatua en su interior y es la tarea del escultor descubrirla»

Mi mente viaja y comprende aún más, cada grado de madurez que ganamos mientras crecemos y conocemos la real condición del humano.

El licenciado Rolón es un maestro en descubrir esas verdades más profundas de sus pacientes. Su agenda está copada y además de preparar su entrevista abierta que se realizará mañana en el Luna Park en torno a la presentación de su nuevo libro “CARA A CARA”, se da el tiempo necesario para contestar mis preguntas.

Licenciado, comencemos este cuestionario con su nuevo libro “Cara a Cara” que lo ha definido como un recorrido que va de la vida a la muerte, del amor al duelo, del deseo a la libertad. ¿Cómo nos podría relatar el momento en que surgió su interés literario y el proceso de escritura de esta última obra que lo diferencia de sus libros anteriores?

Un escritor es, antes que nada, un lector. Descreo de los que dicen escribir sin haber leído antes. Sería riesgoso, porque cabe la posibilidad de que imaginen historias que otros han pensado antes y, probablemente, mejor. Mi interés literario surgió a partir de la pasión que me generaron libros como Los Miserables, La Ilíada, La piel de zapa, El gaucho Martín Fierro o Rayuela, entre otros. En ellos encontré el placer que se desprende de la palabra y el pensamiento.

Cara a cara es diferente a todo lo que yo he escrito hasta ahora. En un mundo en el que la opinión ha destronado al pensamiento, quise plantearme el desafío de pensar. Invité a Mariano Valerio, mi amigo y editor, a que me estimulara con preguntas que me llevaran, como bien dice usted, de la vida a la muerte, del amor al suicidio, de la pasión a la libertad. He debido resistir la tentación de caer en lugares comunes más de una vez. También la de agradar. Ya se sabe que los discursos “positivos” tienen mejor recepción que los que intentan ser veraces. Hay quienes prefieren escuchar que todo es posible. Como analista sé que eso no es cierto: nadie lo puede todo. Ha sido un proceso maravilloso y estimulante; ojalá el resultado también lo sea.

Sus libros invitan a una reconciliación con nosotros mismos. Quizás respuestas que sólo podemos encontrar en la adultez y luego de un grado de madurez que requirió años de autoconocimiento. Como terapeuta, ¿Qué opinión o crítica merece la escasez de “inteligencia emocional” que se nos proporciona en nuestros años de estudio? ¿La culpa es de quien hace los programas de estudio, de nuestro entorno familiar o de la sociedad que en muchas ocasiones coarta nuestra libertad para acceder a conocimientos que nos fortalecen como seres humanos?

La emoción y la inteligencia son términos que no se llevan muy bien. Uno es el caballo, el otro el jinete y, en ocasiones, tiran en direcciones diferentes. No es sencillo ser una persona aplacada y justa. La emoción es mucho más veloz que el pensamiento, por lo que hay que aprender a retenerla, al menos unos minutos, antes de dejarla escapar. De lo contrario corremos el riesgo de decir cosas que sentimos, pero no pensamos. Y mientras aquello que creemos es fruto de una convicción, lo que sentimos puede mudar ante cada estímulo.

La formación de un ser humano se inicia en su hogar mucho antes de que ese sujeto nazca. El clima afectivo, el tipo relación que los padres tengan, la realidad que lo aguarda condicionan el devenir de ese hombre que será. A su vez, la cultura espera de nosotros cosas y juega sus mandatos. Pero, como dijo Sartre, Somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros. Es allí donde se abre esa grieta por la que podemos jugar nuestro destino y cambiar en dirección a lo que deseamos. Cada una de las cosas que ha nombrado son causa de nuestras imposibilidades; pero como analista creo que el futuro se juega en el modo en que cada uno toma las riendas de su vida y se hace cargo de ella para construir, con su historia y aún a pesar de ella, un sujeto del que se sienta orgulloso.

Usted dijo que “la salud, parece haber quedado del lado del cuerpo, mientras que los dolores de la mente, los dolores emocionales, han sido marginados de esta consideración. También se refirió a que la salud mental es un derecho y no un excentricismo. ¿Cuáles serían las verdaderas razones que tienen los gobiernos para no invertir más en esta área de salud?

Pecaría de opinólogo si pretendiera dar una respuesta cierta. El mundo de la política debe ser muy complejo y lo desconozco. Me animo, sin embargo, a pensar que la educación y la salud son las áreas más importantes en las que el estado debe poner la mirada. No en vano, en la antigüedad, el conocimiento se guardaba lejos de las masas, pues apropiarse del saber es encontrar un lugar en el poder. Algunos sostienen que justamente por eso los gobiernos no invierten allí: un pueblo inculto y enfermo parecería ser más fácil de manejar. Pero siempre he tenido la prudencia de alejarme de las teorías conspirativas. Reconozco, entonces, que no estoy capacitado para intentar una respuesta al porqué planteado en su pregunta. No obstante, sostengo fervientemente que sea cual fuere el motivo que genera esta realidad, ha de ser resuelto. La posibilidad de acceder a la salud, física y psíquica, y el conocimiento son las únicas cosas que hacen de nosotros una especie diferente. Como dije, no puedo dar respuestas, pero es mi obligación develar esa injusticia.


Ha declarado que el psicoanálisis trabaja con gente que no sabe lo que quiere o no sabe lo que le pasa y que su rol es buscar la verdad del dolor que se convierte en padecimiento. Si bien influye en ese padecimiento nuestra historia de vida, ¿Qué rol cumplirían los factores biológicos, la situación política, social, cultural y la información genética en la búsqueda de esa verdad que no conocemos su origen?

El sujeto humano es resultante de la combinación de factores genéticos, históricos y sociales. Es lo que Sigmund Freud denominó: Series Complementarias. Algunos creen que el Psicoanálisis renuncia a tener en cuenta las causas biológicas o culturales. Nada más alejado. Desconocer eso sería no entender las múltiples presiones a las que debe dar cuenta una persona. Alguien puede haber nacido genéticamente sano en una cultura maravillosa, pero si sus padres abusaron de él, la marca angustiosa de este trauma va a ser un peso en su vida que deberá resolver. A su vez, hubo quienes nacieron físicamente sanos y en familias amorosas en la época del nazismo. Ya sabemos el horror que eso ha generado. De modo que genética, historia y cultura participan en nuestro destino. Seguramente el porcentaje de responsabilidad de esos elementos variará en cada caso en particular.


Y será válido aceptar que cuando no hay respuestas a un dolor que nos aqueja, nuestra carga genealógica, ¿podría ser la causante? ¿Cómo sanar heridas que no nos pertenecen?

No se me ocurre la posibilidad de que una herida no nos pertenezca. Si se tratara de una carga genética o de un pasado ancestral, también deberemos hacernos cargo de que tiene que ver con nosotros. Todo dolor es dolor de pérdida, de desamor. Y si buscamos bien vamos a encontrar en qué punto eso que parece ajeno se vuelve propio.


¿Qué rol cumple la voluntad en esa búsqueda por reconocer con la razón, la emoción real que nos causa tanto dolor?

Si algo ha demostrado el Psicoanálisis es que no podemos apoyarnos en la voluntad porque aquello que una parte de nosotros desea, otra lo rechaza. Por eso empezamos dietas que abandonamos a los pocos días, o nos proponemos actitudes que tambalean ante las primeras tentaciones. No me gusta el “Tú puedes”. Valoro, eso sí, la fortaleza del deseo. Entonces, quien se plante fuertemente en él, quizás pueda sostener sus decisiones en el tiempo.


¿Existen personalidades menos tolerantes al dolor, a esa lucha por volver a ponerse de pie y a la verdad que lo provoca?

El Psicoanálisis se apoya en una corroboración: cada sujeto humano es único e irrepetible. De allí que sea tan complejo ser analista. Porque cada nuevo paciente nos impone el desafío de encontrar la mejor manera de abordar a ese sujeto que sufre. Otras técnicas pueden encasillar, clasificar y tener respuestas más o menos acordes para determinados cuadros. Nosotros, más allá de las características estructurales comunes, sabemos que una histérica o un obsesivo no son iguales a otros. En ese sentido, diría que no se trata de personalidades sino de personas. Llegados aquí, debo decir que todas toleran al dolor de un modo único.


Es conocido por tener el don de hacer del psicoanálisis algo sumamente atractivo, pero ¿Cuáles serían las principales razones de su éxito? Se lo atribuye al poco conocimiento interno que tenemos como humanos, a la cobardía de no querer someternos a un psicoanálisis o al intento por buscar respuestas en su trabajo?

Mi compromiso ha sido tomar el guante de algo que propuso Jacques Lacan: el Psicoanálisis en extensión. Es decir, su difusión. Lo que no encuentra un lugar en la cultura desaparece y por eso intento acercar a la gente al conocimiento de esta teoría maravillosa. Y no digo esto en desmedro de las otras corrientes terapéuticas. Hay excelentes profesionales dentro de esas ramas. Pero mi deseo es estimular el interés por acercarse a ese mundo inimaginable que plantea el análisis. Porque en ocho metros cuadrados, en la distancia que va del diván al sillón, del dolor a la escucha, pasa la vida entera: la ilusión, el desamor, los sueños, la muerte, los miedos, la risa y el llanto. Me gustaría creer que la gente gusta de lo que hago porque el Psicoanálisis es algo atractivo. Mi desafío es, simplemente, transmitirlo de la mejor manera que me sea posible.


Si toda relación sana pone condiciones, ¿Es coherente auto-imponernos condiciones en la relación que tenemos con nosotros mismos? ¿Cuáles serían sus consejos profesionales básicos para mantener sana nuestra mente?

No me parece apropiado dar recetas. Como dije, cada sujeto es único y aquello que le sirvió a una persona puedo no servirle a otra. Creo, eso sí, que la sinceridad con uno mismo, la responsabilidad para hacerse cargo de las cosas, la resistencia a la tentación de proyectar todo lo malo en los demás, diferencia a una persona sana de otra que no lo sea tanto. Cada quien buscará lograrlo por el camino que considere más cercano a su ser. El Psicoanálisis es una opción.


Según ha explicado, los dos grandes misterios de la humanidad son la sexualidad y la muerte. Pero ¿Cuáles serían las patologías más comunes que a partir de esos misterios se potencian con la situación amenazante del mundo actual?

Hablé recién de las Series Complementarias. El mundo ha sido siempre un lugar difícil. Pensemos que, en la Edad Media, a los que padecían histeria o convulsiones epilépticas se los quemaba en la hoguera tomados por posesos. Cada cultura debe hacerse cargo de las enfermedades que crea y potencia. En estos tiempos, la Bulimia y la Anorexia, por ejemplo, dan cuenta de lo difícil que resulta responder al ideal de belleza que impone la sociedad.


Abordemos un tema más actual ¿Qué lugar ocupa lo privado en un mundo invadido por las redes sociales y la creciente necesidad de querer lo que no se tiene o tal vez, aparentar lo que no se es?

Andrea, le agradezco que abra un espacio para ese tema. Porque en este momento pareciera difícil diferenciar lo público de lo privado. Entonces, las manifestaciones de amor u odio se hacen por twitter, faceboock o en un pasacalle. Guardar un lugar para lo íntimo es también una manera de pelear por la salud. No todo puede darse a conocer, porque todos guardamos secretos y escondemos cosas, incluso de nosotros mismos.


Para terminar, ¿Si tuviera que hacer un psicoanálisis a una de las grandes DIVAS de nuestra historia, a quién elegiría y por qué?

Eva Perón, Juana Azurduy o Victoria Ocampo son mujeres que me hubiera gustado conocer. Me encantaría saber de qué parte de sus historias les venía esa rebeldía que las llevaba a enfrentar mandatos sociales y desafiar, incluso, a la muerte en pos de sus ideales. Cruzar los Andes, luchar por la justicia social y el voto femenino o animarse a manejar y ponerse pantalones en un mundo de hombres no fue algo fácil. En definitiva, la vida nunca lo es.

En pocos minutos serán las 5:00 am. Me niego a dormir sin antes escribir el final de esta edición. Leo y releo. Tomo lo que queda de mi té y mientras mastico unas pocas almendras, recuerdo a Italo Calvino en Le città invisibili: 


“El infierno de los vivos no es algo que será; hay uno, es aquel que existe ya aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Dos maneras hay de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de no verlo más. La segunda es peligrosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y darle espacio... para construir nuestro propio cielo”.  


Es ahí cuando surgen más preguntas y mi mente se revela, como el sueño de una melodía cantada por Miguel Ángel «El mejor artista sólo tiene que pensar que está contenido dentro de la cubierta de mármol, sólo la mano del escultor puede romper el hechizo para liberar a las figuras dormidas en la piedra»


Sigo mariposeando en mi mente. Aún no quiere amanecer pero comprendo que si Florencia dio espacio para que habiten en ella las obras más sublimes de Miguel Ángel, ¿por qué no apagar las velas, abrazar las verdades y quedarse sólo con quienes permitan embellecer nuestros caminos?

No hay nada más bello que tener secretos que nadie conoce y como dice mi entrevistado en un mundo en que la opinión ha desplazado al pensamiento, “Guardar un lugar para lo íntimo es también una manera de pelear por la salud”. Y es que mientras más nos insisten en ser activos en las redes sociales, exhibir hasta lo más privado o convertirnos en blanco de críticas por negarnos a la locura actual, llamada WhatsApp, nadie logrará responder al verdadero sentido de nuestras vidas.

Son las 5:05 am y en una oleada de pensamientos, sigo viajando por épocas como el renacimiento, la edad media y el mundo moderno, el arte de Miguel Ángel, la pulcra ciudad de Florencia, el legado de Freud y las palabras de mi entrevistado.

Mi silencio danza en la oscuridad y analizo mi obsesión por descubrir los misterios que esconde la mente, la vida y el alma. Vocalizo en voz baja... 

Seguramente esta edición no la entenderán quienes sólo nacieron para alimentarse, dormir, procrear, subsistir y nada más.


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